por Fidel Gutiérrez Martínez
¿Cuándo comenzó el deseo y la necesidad de libertad, justicia e igualdad? Quizás en el preciso instante en que las perdimos, o tal vez cuando entendimos que la dignidad es un valor inherente al ser humano y toda sociedad.
La Utopía
Ideal que se concretó en un término, acuñado por los griegos, que resumía el sueño en una sola palabra: “Democracia”. Su nombre marcó el inicio de un camino lleno de obstáculos, el andar trajo consigo victorias esperanzadoras y duras derrotas, momentos de desasosiego y desánimo, momentos de esforzada búsqueda e incansable labor, convencidos de que al final del camino estaba la posibilidad de una vida digna, con paz y justicia, y que además no existía otra ruta a transitar.En ese caminar, entendimos bien, que hay quienes niegan la democracia y la combaten con los medios más sanguinarios, y otros con métodos más sutiles disfrazándose de demócratas para torcerla a su favor, que le dicen al pueblo que vote pero que no elija. Sólo votaban los hombres, aquellos que eran poseedores de cierto patrimonio y eran “respetables”. Para que voten las mujeres tuvo que hacerse una revolución; luego, como gran concesión, los indígenas votan siempre que sepan leer y escribir, y si son ciudadanos legales.
El Desafío
¿Cuántos hombres y mujeres todavía tendrán que ser desterrados, torturados y asesinados para que nos miremos a nosotros mismos? Nuestros propios rostros, nuestras propias manos, nuestras debilidades y virtudes; y comprendamos que la democracia implica hacernos del destino, desandar lo andado, enderezar el camino y nuevamente orientarlo hacia la utopía.
Con la madurez de una experiencia que carga varias centurias encima, y con el mismo optimismo de nuestros abuelos iniciamos esta marcha que será la definitiva. ¡Vamos, comencemos de madrugada!
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