por José Estermann
Hoy estamos ante un acontecimiento histórico insólito, con un gobierno indígena y movimientos sociales que reivindican la conducción de este país, con la inclusión de las minorías, entre ellas la de la élite criolla y blanca (q’ara). Por primera vez en la vida colonial y republicana, la suerte del país será determinada por sus pobladores originarios, por el 63 % de la población que se declara “indígena”.
Ilustración europea como trasfondo de la Constitución pólitica vigente
La primera Constitución fundacional de 1826, resume el espíritu de la Revolución Francesa y las ideas ilustristas europeas del siglo XIX, sobre todo de vertiente francesa. El liberalismo político que se plasma en las ideas del individualismo, de la propiedad privada de medios de producción y en la libertad de la persona, ha entrado fuertemente en la primera Constitución del nuevo Estado boliviano, en detrimiento de los valores ancestrales del comunerismo, de la ayuda mutua, de la reciprocidad y de la identidad colectiva. Ha sido –y sigue siendo- una Constitución a favor de una élite empresarial e intelectual que sabía dominar y alienar durante más de 180 años una mayoría “sorda”, en nombre de los mismos ideales de la Ilustración.
El “multiculturalismo” fijado en la Constitución, más que un inicio de inclusión política y social, resultaba ser una palanca para fomentar una tolerancia cultural postmoderna que no tocaba las cuestiones de poder, de propiedad y de autodeterminación. La élite criolla –o q’ara- podía seguir con su proyecto de exclusión fáctica, gracias a, o a pesar de, un discurso “incluyente”. El racismo de las minorías blancas, criollas y mestizas, frente a las mayorías indígenas, se hizo sonar hasta en los últimos días antes del triunfo abrumador del MAS, es decir: de los pueblos originarios y de los movimientos sociales. En la argumentación de los perdedores, dominaron lógicas occidentales de “progreso”, “civilización”, “eficiencia” y “globalización”, como también advertencias abiertamente racistas y denigrantes.
Una nueva filosofía para un nuevo mundo
La Asamblea Constituyente venidera precisa –si no quiere entrar a la historia como mera “cosmética” de una Carta Magna obsoleta- de una nueva filosofía como trasfondo e ideario de valores y conceptos acordes con la realidad que vivimos. Es hora de romper con el “anatopismo” filosófico y político, con el neocolonialismo intelectual (aunque venga en ropaje postmoderno), con ideas surgidas y enraizadas en un contexto totalmente distinto al de Bolivia. La Ilustración europea –a pesar de sus muchos méritos- ya no da para formar el sustento ideológico de una Constitución política de un país como Bolivia.
Aportes de la Filosofía Andina
La Filosofía Andina resume la sabiduría milenaria de los pueblos originarios de los Andes que en el caso boliviano forman la mayoría absoluta de la población. Inclusive una ciudad “criolla” o “camba” como Santa Cruz de la Sierra está compuesta por un porcentaje muy elevado (más del 40%) de personas “andinas” (qollas) y de miembros de otros pueblos originarios. Por lo tanto, la Filosofía Andina, si bien no es de lejos la única sabiduría autóctona en el país, tiene un peso particular en la formulación de axiomas y conceptos imprescindibles para la elaboración de una Constitución incluyente y representativa.
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